Un personaje de lo más repulsivo
29 abril, 2015
Relatos

Delirios

Hoy por la mañana mi alma se ha levantado floja y la Autoestima le ha ordenado:

—Venga, levántate, vámonos a dar una vuelta.

Mi mente se ha activado por orden directa de mis neuronas recién desperezadas y, tras ingerir mi cuerpo su dosis necesaria de cafeína, mis pies han enfilado calle abajo en dirección al paseo, destino: el Mar.

Allí, me he descalzado y mis plantas, profusamente enraizadas a la Tierra en estos tiempos, han saboreado el tan rugoso como terso tacto de la arena, delicado, plácido y sanador, dando un complaciente paseo, deleitándose mis sentidos, también, del anaranjado amanecer.

De pronto, ha venido a verme mi Amiga la Confianza, me ha tocado en el hombro y me ha dicho:

—Hoy no tengo demasiadas fuerzas, me siento abatida, desalentada, hundida…

—Sigamos paseando —le he dicho—. El abatimiento no debe ser nuestro impedimento, ni causarnos desfallecimiento.

Mientras charlábamos al abrigo del alba y la brisa marina, degustando en los pies las caricias de la arena y del agua del mar, hemos divisado a nuestro eterno enemigo el Miedo, que se acercaba a lo lejos, acompañado de su fiel séquito; sus compañeros y grandes amigos los Traumas, la Inseguridad, la Duda, el Resentimiento, la Negatividad, la Ansiedad, la Ignorancia, la Ira, el Rechazo, los Juicios, la Discriminación, la Mentira, la Traición y el Sufrimiento, todos ellos fuertes y robustos, caminaban con monumental brío y aplomo, a la caza de sus nuevas, cobardes y débiles presas.

Mi amiga, la Confianza, se ha paralizado. Estaba asustada…

—Tranquila –la he calmado—. el Miedo sólo ataca si tú se lo permites, ni él ni sus amigos nada nos harán, puesto que el Amor nos protegerá.

—¿El Amor? –ha preguntado mi amiga sorprendida.

—Sí… El Amor Incondicional… El Amor Universal… el Amor hacia uno mismo.

Pero el Miedo y sus compañeros avanzaban con paso firme, dispuestos a embestirnos, cargados con todas sus armas, preparados para clavarnos sus astas, abalanzarse en los barruntos de nuestras debilidades, hurgar en los atisbos de nuestras inseguridades, para inmovilizarnos, embobarnos, inutilizarnos, hasta adormecernos.

—Yo no quiero que el Miedo me devore –ha manifiestado la Confianza intimidada.

—No lo va a hacer. Puesto que a tu interior no lo vas a dejar acceder.

Y al tiempo que marchaban nuestros enemigos, cual ejército en plena batalla, el plácido y cristalino mar desprendía ese brillo que apacigua tu alma con solo mirarlo y escucharlo, sosegado, susurrándote al oído, tranquilo, sereno:

—No dejéis que se os acerque el Miedo… Y si lo hace, enfrentaos a él.

Y de aquella agua transparente, guardiana y calmosa, ha emergido de pronto nuestro mejor mmigo el Amor, con sus leales compañeras la Compasión y la Independencia, todos ellos firmes, decididos, inmunes, valientes, fuertes, nutridos y fieles a ellos mismos.

—¿Qué os pasa Amigas mías? —nos ha preguntado nuestro buen aliado el Amor—. Os percibo inquietas, perturbadas y agitadas, asimismo, dudosas, encogidas, hasta desconfiadas, ¿Acaso estáis asustadas?

—El miedo y sus compañeros —ha dicho la Confianza—, vienen bravos, seguros y fieros, en busca de prisioneros.

—No temáis, amigas mías, el Miedo no os atrapará siempre que yo, el Amor, os arrulle entre mis brazos.

—¿Solo con Amor hay suficiente? —ha vuelto a preguntar la Confianza.

—Por supuesto… ¿Acaso no sabes que el Amor lo es todo? Soy vuestra protección, soy incondicional, soy vosotras mismas… Acercaos a mí, absorberme, envolveos de Compasión, impregnaos de Independencia, sentid que valéis la pena, dad la bienvenida a la Seguridad.

Y después de que nuestro gran Amigo, el Amor, nos arrebujara el alma, el Miedo y todo su ejército han iniciado su camino hacia el desvanecimiento, esfumándose uno a uno sin opción alguna a regresar.

—Buenos, días Seguridad —he pronunciado alegre y encantada—. Gracias por llegar a mi vida… Te presento a mi Amiga la Confianza. El Amor, la Compasión y la Independencia nos acompañan, ¿quieres unirte a nosotros?

—Por supuesto — ha respndido la Seguridad—. A vuestro lado permaneceré, aportando mi valentía, mi determinación, mi alegría, mi sabiduría y mi serenidad, solo a condición de que el Amor hacia vosotras mismas no se desvanezca.

Y así… repleta a rebosar de mí, he vuelto a mi sitio, caminando con sosiego, serena, juiciosa, abrigada, alegre y agradecida, acompañada de mis cinco grandes amigas; la Confianza, la Compasión, la Independencia y la Seguridad, y de mi amigo el Amor, lista para comenzar el nuevo día conmigo misma, llena de Seguridad, Independencia, Compasión, Amor y Confianza en quién soy.

 

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